CURSILLOS DE FORMACIÓN
PARA “MODERADORES DE A.D.E.P”

 

A lo largo de estos últimos meses, desde que se inició en nuestra diócesis el curso pastoral 2014 – 2015, con el título “Cuando el sacerdote no está, ¿qué?”,  se han realizado dos Cursillos de formación  para “moderadores de ADEP” (Asambleas Dominicales en Espera de Presbítero), uno en el Arciprestazgo de Calamocha y otro en el Arciprestazgo de Montalbán. Tanto en uno como en otro, la asistencia de seglares fue numerosa, la experiencia positiva y el compromiso de seguir adelante con estas celebraciones excepcionales.

Ambos cursillos se desarrollaron a lo largo de 4 sesiones, realizadas en las mañanas de 4 sábados, en los salones parroquiales de Calamocha,  Escucha, Utrillas,  Montalbán  y Muniesa, con los siguientes temas: 1.- Centralidad de la Eucaristía en la Iglesia. 2.- Celebrar el Día del Señor. 3.- Ritual de las ADEP. 4.- Cómo organizar las ADEP en el Arciprestazgo.

¿Qué son las Asambleas Dominicales en Espera de Presbítero (ADEP)?

Por varias razones, como puede ser el descenso  de las vocaciones sacerdotales, o la edad avanzada de los sacerdotes, o la enfermedad, o el gran número de parroquias encomendadas a un sacerdote… hay lugares y ocasiones  donde la celebración de la Eucaristía Dominical no es posible.  El Obispo diocesano, junto con sus sacerdotes  deben encontrar la forma de ayudar a los feligreses a reunirse para mantener la vitalidad de su fe y la fortaleza de su vida parroquial. Al considerar soluciones apropiadas, y en donde no está disponible un sacerdote substituto o no haya una celebración cercana, el Obispo da permiso y autorización para realizar “Asambleas (celebraciones) Dominicales en Espera de Presbítero” (A.D.E.P). ¿Qué sentido tiene que la comunidad parroquial se reúna para la oración en “espera” del sacerdote”? ¿Qué ocurre cuando un laico es “enviado” como “moderador” en misión pastoral a una Parroquia”?. Es una  manera de dar nuevas respuestas a nuevas situaciones, viviendo la corresponsabilidad en la Iglesia. Siempre que se reúne una comunidad cristiana, aunque sea reducida en número y sin la presencia del sacerdote, allí se encuentra Cristo, allí se muestra la Iglesia que lleva a cabo su misión. La Comunidad Parroquial VIVE LA FE y  LA CELEBRA;  y su fruto es el AMOR.

En 1998, Juan Pablo II escribía: El problema se da “frecuentemente en las Iglesias jóvenes, (…). Pero también pueden darse situaciones de emergencia en los países de secular tradición cristiana, donde la escasez de clero no permite garantizar la presencia del sacerdote en cada comunidad parroquial” (Dies Domini n. 53).

Así pues, no se trata de simples reuniones para hacer oración juntos o para tener una sesión de catequesis… Se trata del pueblo que responde a la convocación de Dios para reunirse en asamblea sin la “presencia” del sacerdote y celebrar la Pascua con su ritmo semanal, de acuerdo con la tradición que arranca de la Resurrección misma. ¡Enhorabuena! ¡Felicidades! ¡Un nuevo reto y un nuevo compromiso!

Avelino José Belenguer Calvé,
Delegado diocesano de Liturgia

 

 

 
 

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