LA EUCARISTÍA,
FUENTE DEL COMPROMISO CARITATIVO Y SOCIAL

 

Debido a que no pudimos ofrecerles en su día este interesantísimo documento, aprovechamos el periodo vacacional, para hacerles llegar esta ponencia de Don Vicente Altaba, Delegado Espiscopal de Cáritas Española, en la Mesa redonda sobre Eucaristía y Compromiso del Congreso Eucarístico Nacional de Toledo (28-05-2010)

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LA EUCARISTÍA, FUENTE DEL COMPROMISO  CARITATIVO Y SOCIAL

Agradezco en nombre de Cáritas Española la invitación a participar en esta mesa sobre Eucaristía y compromiso apostólico, pues estamos convencidos en Cáritas de que la Eucaristía es la fuente del compromiso caritativo y social de la Iglesia y, en consecuencia, de Cáritas, puesto que Cáritas no es más que el servicio organizado y programado del ejercicio de la caridad de la comunidad cristiana.

Como punto de partida o imagen inicial resulta significativo recordar que las dos grandes fiestas eucarísticas del calendario cristiano –Jueves Santo y Corpus Christi-, han sido  las dos celebraciones mas señaladas de la caridad en la comunidad cristiana: el Día del amor fraterno y el Día de la Caridad. Hoy estas celebraciones de Cáritas se han reducido a una, el Día de la Caridad, pero notemos que se sigue celebrando en la fiesta del Corpus Christi. Y no es por casualidad.

El ser humano es redimido por el amor

Quiero comenzar mi comunicación con unas palabras del Santo Padre que me parecen verdaderamente luminosas: «El hombre es redimido por el amor. Eso es válido incluso en el ámbito intramundano. Cuando uno experimenta un gran amor en su vida, se trata de un momento de “redención” que da un nuevo sentido a su existencia» 1 .

El ser humano es un ser necesitado de muchas cosas, pero lo que le distingue de otros seres vivos, la diferencia genética más honda que lleva dentro, es que es necesitado de amor: De amar y de ser amado.

Lo expresa muy bien Juan Pablo II cuando dice: «El hombre no puede vivir sin amor. No puede comprenderse a sí mismo, su vida está privada de sentido si no se le revela el amor, si no se encuentra con el amor, si no lo experimenta y lo hace propio, si no participa en él vivamente».2   Hasta tal punto es así que esto es lo que da sentido a su existencia y lo que le hace vivir la experiencia de sentirse redimido, de sentirse salvado.

Éste es el gran motor que dinamiza y da sentido a todo nuestro compromiso eclesial y, en consecuencia, a toda nuestra acción social con los pobres y en favor de los pobres: el amor. Y éste ha de ser el sentido último de toda nuestra acción: que el pobre se sienta amado y redimido por el amor.
Así lo expresa también nuestro Modelo de Acción Social: «La caridad, entendida como la realización del amor de Dios, y el amor, como experiencia profunda de lo humano que se realiza en la justicia y se trasciende en la caridad, se tornan en la motivación fundamental para nuestra acción».3

Y así lo afirma Benedicto XVI cuando hablando de la ayuda caritativa y social dice que  “la actuación práctica resulta insuficiente si en ella no se puede percibir el amor por el hombre”4. Hay que dar y ayudar al otro, pero sobre todo hay que darse, hay que dar amor. Sólo así el don no   humilla, sino que dignifica a la persona, a la que da y a la que recibe5 .

Pero es más. El amor no sólo redime a la persona, sino que rehace la vida social. «Descubriéndose amado por Dios el ser humano comprende su propia dignidad trascendente, aprende a no contentarse consigo mismo y a salir al encuentro del otro creando una red fraterna y solidaria de relaciones humanizadoras»6 .

La Eucaristía es el gran sacramento del amor

Ese amor que redime a la persona y a la sociedad tiene su máxima expresión en la Eucaristía, sacramento del amor, fuente de la acción caritativa y social de la Iglesia
pues, como dice Benedicto XVI en la Exhortación Apostólica Sacramentum caritatis, «cada celebración eucarística actualiza sacramentalmente el don de la propia vida que Jesús ha hecho en la Cruz  por nosotros y por el mundo entero»7 .

La Eucaristía es el sacramento de la entrega. De la entrega de Jesús y de la nuestra. La Eucaristía nos adentra en el acto oblativo de Jesús. No recibimos de modo pasivo el cuerpo entregado de Jesús, sino que nos implicamos en la dinámica de su entrega8 .

De ahí que la Eucaristía es para nosotros el gran sacramento del amor de Dios, el gran sacramento de la Caridad y la fuente de ese amor de Dios que nosotros queremos encarnar y significar en la acción caritativa y social de la Iglesia en favor de los pobres y excluidos, en favor de los últimos y no atendidos.

Es más. Toda entrega a los demás supone una mística que le dé sentido y consistencia. Y esa mística, para nosotros cristianos, es trinitaria y eucarística. Es trinitaria: La razón última de la existencia de Cáritas está en ser expresión del amor de Dios, de ese Dios que en su misterio trinitario es comunión y comunicación de amor 9 . Y es eucarística, porque nace de la Eucaristía, sacramento en que Jesús sigue amándonos hasta el extremo, hasta el don de su cuerpo y de su sangre, para la vida del mundo 10 .      

No se pueden separar Eucaristía y caridad

El sacramento de la Eucaristía no se puede separar del sacramento de la caridad. No se puede recibir el cuerpo de Cristo, si se recibe bien, y sentirse alejado de los que tienen hambre y sed, de los enfermos, de los que sufren el drama del paro, de los que están excluidos de la mesa del bienestar 11 .

Una Eucaristía que no comporte un ejercicio práctico del amor, es «fragmentaria en sí misma», dice Benedicto XVI 12 . Y Pablo lo expresa de manera radical y nos dice que es «escandalosa» 13

De ahí que sean tan graves los abusos antifraternos que desmienten, en la práctica, la unidad realizada por la participación en la misma Eucaristía. Todo lo que es antifraterno, insolidario e injusto es radicalmente antieucarístico. Por el contrario, la tarea paciente de restañar, unir, solidarizar, igualar, fraternizar es tarea radicalmente eucarística.

La Eucaristía es fuente, centro y meta de nuestra acción caritativa y social

La Eucaristía es la fuente de nuestra caridad, como lo es de toda la vida cristiana, y, en expresión del Vaticano II, «debe conducir lo mismo a las obras de caridad y de mutua ayuda de unos para con otros, que a la acción misional y a las variadas formas de testimonio cristiano» 14 .

En Cáritas somos muy conscientes de que necesitamos una permanente configuración con Cristo, identificarnos con él en su diakonía, una identificación que tiene su máxima expresión sacramental en la comunión eucarística. Pero la Eucaristía no sólo es la fuente, sino también el centro y la meta de toda acción caritativa y social de la Iglesia. 

Es centro, pues la caridad no es algo periférico, accidental o que dependa de la sensibilidad de cada cual. El ejercicio de la caridad pertenece a cada fiel, pero pertenece a toda la comunidad. Y ésta se constituye en torno a la Eucaristía.

Por otra parte, si la Eucaristía es fragmentaria si no lleva al compromiso con los pobres, también podemos afirmar que no es completa mientras a la Mesa del Señor no se sienten los más pobres, como le gusta repetir a Mons. Algora, pues también ellos han sido invitados al banquete y necesitan experimentar y celebrar el amor incondicional con que Dios los ama.

La mística del servicio caritativo y social de Cáritas se nutre de la Eucaristía

Permitidme, para terminar, una experiencia muy sencilla, pero que me resultó muy significativa. Hace dos años, con motivo del terremoto que asoló varias provincias de Perú, tuve oportunidad de visitar algunas de las poblaciones más afectadas y las obras de restauración llevadas a cabo por Cáritas Española: Catorce colegios, muchos de ellos de nueva planta, con estructura sismorresistente y perfectamente equipados. Una maravilla.

En ese mismo viaje, visité la sede de Cáritas Peruana y hubo algo que me llamó poderosamente la atención. El edificio central consta de dos cuerpos rectangulares unidos entre sí por otro cuerpo cuadrado. Éste es una pequeña capilla. Su frente una gran puerta acristalada que deja bien a vistas lo que allí se muestra. Para acceder a cualquiera de los edificios hay que pasar necesariamente por delante de la capilla. Una capilla en la que todos los días se celebra la Santa Misa y en la que un día a la semana está expuesto el Santísimo para que todos los que trabajan en la casa puedan pasar a orar ante él en algún momento del día.

Confieso que muchas veces evoco esta imagen peruana. En el centro de toda la construcción de Cáritas la capilla, la presencia del Señor, la Eucaristía.. Una preciosa forma de significar y recordar que  el espíritu, la mística de todo el servicio caritativo y social de Cáritas se nutre y alimenta en el amor de Cristo Eucaristía.

Vicente Altaba
Delegado Episcopal de Cáritas Española

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1 BENEDICTO XVI,  Encíclica Spe salvi, Roma, 2006, n. 26.

2 JUAN PABLO II, Encíclica  Redemptor hominis, Roma, 1979, n.10.

3 CARITAS ESPAÑOLA, Modelo de Acción Social, Madrid, 2009, p.16. En adelante este documento será citado con la abreviatura Modelo. Se trata de un documento institucional aprobado por el Consejo General de Cáritas Española y que nos ofrece la fundamentación y las líneas maestras de la acción caritativa y social tal como la entiende Cáritas en el momento actual. Documento, pues, de obligada referencia para cuantos trabajamos en Cáritas.

4 BENEDICTO XVI, Encíclica Deus caritas est, Roma, 2005, n. 34.. En adelante esta encíclica será citada con la sigla DCE.

5 Cfr Ibid.

6 Modelo, p.13.

7 BENEDICTO XVI, Exhortación apostólica Sacramentum caritatis, 2007, n.88. En adelante este documento será citado con la sigla SC.

8 Cfr DCE, n.13.

9 Cfr CARITAS ESPAÑOLA, Reflexión sobre la identidad de Cáritas, Madrid, 1997, cap. I.1.2.3

10 Cfr  SC, n.1.

11 Cfr OTERO Tomás, Cena del Señor, amor fraterno y unidad de la Iglesia (1Cor 10,14-22;11,17-34), en Corintios XIII, n. 129, 2009, 56-76.

12 DCE, n.14.

13 1Cor 11,21.

14 CONCILIO VATICANO II, Presbyterorum ordinis. Decreto sobre el ministerio y vida de los presbíteros, 1965, n.6.

 

 

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