NAVIDAD, TIEMPO Y EXPERIENCIA DE GRATUIDAD

 

Diario de Teruel el 24/12/2012

“Ha aparecido la gracia de Dios”. Con estas palabras del apóstol Pablo nos invita la liturgia cristiana a abrir nuestras vidas al don que se nos ofrece y a dejarnos inundar por el gozo de la Navidad.

El amor generoso, desbordante de nuestro Dios se ha revelado en Belén. El Niño del portal es la expresión del amor gratuito de nuestro Padre y la llamada más viva y elocuente que Dios nos hace a experimentar y vivir la gratuidad del amor.

No somos indiferentes para Dios. No lo eres tú. No lo soy yo. No lo son los tuyos ni los míos. Tampoco aquellos que nos pueden resultar más lejanos y extraños. Tanto amó Dios al mundo que nos entregó a su hijo, dirá Juan. Tanto, que ha salido de sí mismo, se ha hecho carne de nuestra carne, compartiendo todo lo nuestro, y ha puesto su tienda entre nosotros, haciéndose compañero de nuestro camino.

Un amor que no tiene fronteras. Ni fronteras de naciones, ni de razas, colores o clases sociales. Un amor tan grande que en él entramos todos, hasta aquellos a los que nadie quiere, que están más olvidados y excluidos. La prueba de su amor universal es que se presenta en el libro de Judit como “el Dios de los humildes, el defensor de los pequeños, apoyo de los débiles, refugio de los desvalidos, salvador de los desesperados”.

El Dios de Navidad es el Dios que reivindica el derecho de los marginados y afirma que la tierra es de todos y que todos tenemos derecho por igual a disfrutarla. Por eso, dice que hay que hacer justicia a los marginados: “No maltratarás al forastero ni lo oprimirás, pues forasteros fuisteis en Egipto. No explotarás a la viuda ni al huérfano, porque si los explotas y claman a mí, yo los escucharé (…), porque soy compasivo”, dice en el Éxodo.

Es verdad que para encontrar a Dios y sentirse habitado por su gloria - su luz y su presencia-, es necesaria la fe. Pero la “gracia” es para todos. La llamada de los ángeles de la Nochebuena se dirige a todos, también  a los que no creen, a los que se han alejado de Dios y a los que viven la vida iluminados por la fe. A todos alcanza su pregón: ¡Id a Belén!, ¡os ha nacido un salvador!

Por eso, si no eres creyente, busca con sinceridad y déjate conducir al portal: Dios no se oculta al que lo busca con sincero corazón. Si estás alejado de Dios, recupera el encuentro, vuelve a Jesús y entra en su misterio: Te espera en su Palabra y en la Eucaristía. Si sientes la alegría y el gozo de creer, alaba a Dios por el don de la fe y celébralo con la comunidad de los creyentes: Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad.

Y en medio de la noche, de esta grave crisis que ensombrece y angustia nuestra vida social, hagamos también cada uno de nosotros la experiencia no sólo de sentirnos amados, sino de amar. Hagamos la experiencia de dar gratis, con amor hecho de gratuidad, lo que gratis al fin cada uno de nosotros hemos recibido.

Hemos de romper la mentira de esta cultura que pretende hacernos asentar la vida,  la esperanza y la felicidad en el dinero, en el bienestar económico, en el consumo, en el éxito, en el triunfo de los intereses individuales. Una cultura así se convierte en la “vara opresora”, el “yugo de carga” y la “bota que aplasta” que denuncia el profeta Isaías. Necesitamos comprender que la sociedad se construye  desde la dignidad de las personas, especialmente desde los más necesitados, y que la vida, la economía y la política no pueden justificarse únicamente desde los criterios del éxito mirado y valorado nada más que en términos de desarrollo económico.

En Belén contemplamos a un Dios cuyo empeño salvador no está movido por ningún interés particular mas que por la gratuidad de un amor hecho carne y partícipe de nuestra humanidad para hacernos gratuitamente partícipes de su divinidad. Y todo por puro don, porque  cuando se mira y ama al otro como hijo, como lo hace Dios, y cuando se mira y ama al otro como hermano, como nos podemos ver en Cristo y desde Cristo, es posible la gratuidad. Y cuando esto sucede la vara del opresor y el yudo de su carga se quiebran, la bota que aplasta se acaba y sea hacen posibles la paz y la esperanza. Cuando eso sucede es posible hacer realidad lo de Juan: “El que tenga dos túnicas dé una al que no tiene y el que tiene qué comer dé al que no tiene”.

Si hacemos cada uno de esta Navidad una experiencia gozosa de gratuidad será más feliz para nosotros y también para los demás. También para los que sufren los desahucios, los que no tienen acceso a la sanidad, los que se ven en dificultades para llegar a fin de mes.

Muy feliz Navidad.

Vicente Altaba
Delegado Episcopal de Cáritas Española

 

 

 

 

 
 

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