Una llamada a cuidar de la casa común

 

+ Encíclica Laudato si´en castellano

Vicente Altaba
Delegado episcopal de Cáritas Española
Publicado en Diario de Teruel el 20/06/2015

Haciendo honor a su nombre, el papa Francisco acaba de darnos una nueva encíclica dedicada a la ecología o al cuidado de la creación. Lo hace con un título, “Laudato si”, tomado del “Cántico de las criaturas” de Francisco de Asís, al que añade otro subtítulo con referencia a su contenido “sobre el cuidado de la casa común”.

La encíclica es un canto a “nuestra hermana tierra”, entendida no solo como naturaleza, sino como el conjunto de la creación de la que formamos parte todos los seres, incluidos los humanos. Se trata de una comprensión de la ecología en un sentido integral en el que resultan inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad, la defensa de la vida, el desarrollo integral, y la paz y el equilibrio interior del ser humano.

Ya en el comienzo, nos dice que uno de sus objetivos es hacer frente al  daño que provocamos a la madre tierra por el uso irresponsable y el abuso de los bienes, cosa que sucede cuando nos sentimos “propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla”, lo cual  lleva a la explotación irresponsable de materias primas, a la cultura del descarte que nos hace amontonar basura y generar residuos contaminantes, con graves consecuencias en el clima, en la contaminación del agua, en la pérdida de la biodiversidad, en las relaciones políticas e internacionales y, de manera especial, en la vida de los más pobres.

La encíclica no se dirige sólo a los creyentes. Está dirigida “a cada persona que habita este planeta” e intenta entrar en diálogo con todos, puesto que se trata de un asunto que nos afecta a todos y que no se puede afrontar con respuestas parciales, sino que necesita respuestas globales que requieren el concurso de todas las dimensiones del saber humano: científico, técnico, filosófico, religioso y espiritual. El objetivo, unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral y en un diálogo sobre el modo como estamos construyendo el futuro del planeta.

Sus contenidos son muchos y se pueden hacer de ellos lecturas muy diversas. Habrá quien destacará más las cuestiones científicas y quien se fijará en las éticas, a quien le interese la dimensión antropológica y quien se fije en la social, quien pondrá el acento en las cuestiones técnicas y quien verá necesaria una renovación desde la mente y el corazón…

Pero si queremos ser objetivos al analizar sus contenidos, haciendo una lectura diacrónica de su desarrollo por capítulos, son estos: 1º,  Lo que está pasando a nuestra casa. 2º, El evangelio de la creación. 3º, Raíz humana de la crisis ecológica. 4º, Una ecología integral. 5º,  Algunas líneas de orientación y acción. 6º, Educación y espiritualidad ecológica.

Por otra parte, el mismo Francisco hace una síntesis de sus contenidos diciéndonos en el nº 16, que hay algunos ejes que atraviesan toda la encíclica y que aparecen analizados desde diferentes ópticas en todos los capítulos. “Por ejemplo: la íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta,  la con­vicción de que en el mundo todo está conectado, la crítica al nuevo paradigma y a las formas de poder que derivan de la tecnología, la invitación a buscar otros modos de entender la economía y el progreso, el valor propio de cada criatura, el sentido humano de la ecología, la necesidad de debates sinceros y honestos, la grave responsabi­lidad de la política internacional y local, la cultura del descarte y la propuesta de un nuevo estilo de vida”.

Entre sus muchas aportaciones, me parece muy sugerente lo que nos dice en el nº 93: “Todo planteo ecológico debe incorporar una perspectiva social que tenga en cuenta los derechos fundamentales de los más postergados. El principio de la subordinación de la propiedad privada al destino universal de los bienes y, por tanto, el derecho universal a su uso es una  regla de oro del comportamiento social y el primer principio de todo el ordenamiento ético-social”. También ecológico.

La tierra es una herencia común y salvaguardarla y cuidarla es tarea de todos. La encíclica nos ofrece muchas motivaciones y sugerencias para conseguirlo.

 

 

 

 

 
 

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