BEATIFICACIÓN DE JUAN PABLO II

 

Como ya anunciábamos en días anteriores se ha preparado una Peregrinación de todas las Diócesis Aragonesas a la Beatificación de Juan Pablo II.

Serán los días del 29 de abril al 2 de mayo. Se saldrá desde Zaragoza, en avión, aunque saldrá un autobús desde Teruel, hasta el aeropuerto.

El precio es de 770 €, en habitación doble. Suplemento individual: 167 euros. Suplemento salida desde Teruel: 30 euros.

Para más información pueden conectar con D. Manuel Ángel Antón en la Parroquia de San José de Teruel o en el Tl 978 606 764 o con Halcón Viajes 978 617905.

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El pasado 14 de Enero el Papa Benedicto XVI firmó el decreto de beatificación del Papa Juan Pablo II. Como es por todos conocido, la ceremonia se celebrará el próximo 1 de Mayo, Fiesta de la Divina Misericordia, en Roma.

La noticia, por esperada, no ha dejado de causar una profunda alegría entre los católicos y un sentimiento de renovada admiración en las muchas personas, que aun sin pertenecer a la Iglesia o ser creyentes, descubrieron en él a un hombre excepcional.

Todos nosotros hemos compartido con él un largo trecho de camino. Es difícil olvidar aquel lejano mes de Octubre de 1.978 cuando se asomó al balcón que da a la Plaza de San Pedro desde la Basílica Vaticana y dirigió unas sencillas palabras de saludo al mundo y a la Iglesia. El recién elegido se presentó ante nosotros como un Pastor “venido de lejos” , y en su primera homilía se dirigió al mundo con las mismas palabras de Cristo resucitado: “No tengáis miedo” , y añadió: “Abrid, abrid de par en par las puertas a Cristo” .

Era entonces un hombre joven, lleno de vitalidad. Desde aquella tarde se hizo habitual en nuestras vidas, aparecía con frecuencia en los medios de comunicación y, golpeado por la enfermedad, fue envejeciendo a nuestros ojos, sus fuerzas mermaron a la vez que crecía en santidad. Es imposible resumir en pocas palabras lo que el pontificado de Juan Pablo II significa para la Iglesia y para el mundo. Él sufrió bien pronto en su propia carne las heridas de la irracional violencia que azota al mundo de hoy.

Es difícil señalar cuál de todas sus fecundas iniciativas han iluminado con más fuerza a la Iglesia que se está adentrando en el tercer milenio. Sin ánimo de ser exhaustivo, sus numerosos escritos -14 encíclicas y 15 exhortaciones apostólicas, entre otros-, la propuesta del Catecismo de la Iglesia Católica, sus más de 100 viajes pastorales por el mundo, su defensa incansable de los derechos humanos y de los más débiles en los múltiples foros en los que intervenía, el diálogo ecuménico con los hermanos separados, sus cuantiosas beatificaciones y canonizaciones, etc. hablan de manera elocuente de su trabajo constante y de su entrega generosa a favor de la Iglesia.

De todas ellas yo señalaría dos que han tenido un significado importante en mi propia vida personal. Por un lado, las Jornadas Mundiales de La Juventud. He tenido la oportunidad de participar en algunas convocadas por el pronto beato Juan Pablo II y siempre se han presentado como un momento de gracia para los participantes y de especial vigor para el conjunto de la Iglesia. Recuerdo con especial agrado la de Santiago de Compostela, en 1989, en la que terminé de madurar mi propia vocación sacerdotal. La segunda iniciativa que subrayaría son los Encuentros Mundiales de las Familias. Desde el inicio de su pontificado señaló a la familia como agente privilegiado en la evangelización del tercer milenio. En Valencia se celebró el quinto encuentro, en el año 2006. En él se pudieron recoger los frutos de su intuición y fue un punto de inflexión para la pastoral de familia en España. Pero me quedo con el primero que se celebró en Roma en 1994. Fue presidido por Juan Pablo II y acudió al mismo, como invitada de excepción, la Beata Teresa de Calcuta. Guardo un recuerdo imborrable de aquellas jornadas.

Estamos de enhorabuena. Desde nuestra diócesis nos unimos al sentimiento de gratitud de toda la Iglesia. ¡Bendito sea Dios en sus santos!

            + Carlos Escribano Subías,
           Obispo de Teruel y de Albarracín

 

 

 

 

 
 

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