“Si la falta de infraestructura afecta a la dignidad, hay que mejorarla”

 

Les ofrecemos la entrevista que Don Carlos Escribano concedió a Diario de Teruel y que fue publicada el pasado domingo día tres de octubre.

F.J.M. / Diario de Teruel 03/10/2010

El nuevo obispo de la Diócesis de Teruel y Albarracín, Carlos Escribano, asegura en una entrevista que si la falta de infraestructura afecta a la dignidad de los turolenses, habrá que hacer todo lo posible para que sea mejorada. Escribano, que fue ordenado obispo hace una semana en la Catedral de Teruel, comenta que todavía tiene que descubrir la realidad de la provincia introduciéndose más en la sociedad turolense, y sostiene que la Iglesia debe estar ligada al territorio y ser copartícipe de sus problemas.

- ¿Qué objetivos se ha fijado al frente de la Diócesis?

- Sería muy osado por mi parte venir con una especie de gran programa. Tengo que descubrir la realidad en la que estoy e introducirme más dentro de la sociedad turolense para ver qué cuestiones se van suscitando.

- Inicia su trayectoria como obispo en una provincia difícil como Teruel por sus problemas de desarrollo, despoblación y envejecimiento, ¿cómo afronta este reto?

- Es verdad que lo que uno percibe de Teruel es que es una población envejecida, pero es lo que tiene y es en ese contexto donde hay que buscar cauces para anunciar el Evangelio.

- ¿Ha de ser reivindicativa la Iglesia con las necesidades de los territorios en los que se asienta?

- La Iglesia está enraizada en un contexto social en un momento de la historia, y lo recordaba muy bien el Concilio Vaticano II. Las circunstancias que en ocasiones no permiten que se desarrolle en plenitud la gente que vive en Teruel son una preocupación para nosotros. A veces la infraestructura hace que no se puedan llevar a cabo todas las aspiraciones que pueden tener los habitantes de la provincia.

- Usted lleva poco en Teruel, pero conoce sus problemas por la falta de infraestructuras, ¿le preocupan sus carencias?

- En tanto en cuanto se dificulta lo que podemos llamar el bien común, en parte sí. El bien común es la capacidad de crear elementos en los que la persona pueda desarrollarse plenamente. Si eso no está creado dificulta que la persona pueda vivir conforme a la dignidad que tiene. A veces ese descalabro se produce en una cuantía que es desbordante, y a veces en pequeñas cuestiones, pero todo afecta a la dignidad del hombre y si la falta de infraestructura afecta a la dignidad, pues hay que ver cómo se puede mejorar.

- Hablábamos del envejecimiento de la población y el éxodo de los jóvenes, ¿cómo afecta esto a la Diócesis?

- Afecta también en la estructura pastoral, porque son la Iglesia del futuro. Que haya menos jóvenes hace que la acción pastoral tenga esa carencia. Eso nos hace tener un esfuerzo de imaginación, pero asumimos las carencias que hay.

- ¿Qué labor piensa desarrollar en los pueblos ante toda esta problemática?

- Es una labor de encuentro con el hombre, de ser capaces de estar con las personas y colaborar también con las instituciones públicas, hacer la vida más agradable a la gente de nuestro entorno y ser un elemento también de estabilidad social, de confraternización.

- La inmigración ha traído a la provincia muchas personas de otros cultos, ¿es posible la convivencia o cree que es romper una tradición religiosa en España?

- Hombre, indudablemente el fenómeno de la inmigración ha hecho que mucha gente venga hasta aquí, y la gente lo hace con todo lo que es su tradición religiosa, que debe de ser atendida. En el fondo debe ser atendida porque es un derecho fundamental de la persona. Para nosotros también es cierto que la convivencia es más fácil con algunos que con otros, porque con algunos tenemos una raíz común al ser todos discípulos de Jesús. En principio hay que intentar evitar que la pertenencia a distintos credos religiosos suponga una fuente de conflictos.

- Parece que en otros credos los fieles sean, si no más creyentes, sí más practicantes. ¿Están descuidando sus deberes religiosos los católicos?

- Bueno quizá en parte, por eso creo que una de las intuiciones de Juan Pablo II era que había que revitalizar la nueva evangelización, que consiste en ser conscientes de que tenemos un gran mensaje que transmitir y que hay que buscar cauces nuevos a la hora de anunciarlo a la gente que está con nosotros. Quizá nuestros creyentes, en ocasiones, es como si se habituasen al hecho de ser cristianos y olvidasen la novedad y la exigencia gozosa que tiene el hecho de serlo.

- ¿Debería modernizarse la Iglesia para evitar que ocurra esto?

- A veces el camino de modernización pasa por no perder la esencia del mensaje que Cristo nos deja y recuperar la vocación al amor al que todos estamos llamados.

- ¿Es necesaria una mayor implicación institucional en la financiación de la Iglesia, o deberían ser los creyentes quienes lo hiciesen directamente?

- Creo que la vía que ha tomado la Iglesia española en estos momentos compatibiliza los dos elementos. Por un lado está la implicación de las instituciones a través de la declaración de la Renta, pero también es verdad que la gente cada vez está tomando más conciencia y eso es bueno decirlo, y que la gente descubra que la Iglesia católica pues tenemos que hacer la aportación para mantenerla.

- ¿Le molesta que los medios de comunicación aborden temas polémicos como los escándalos sexuales de la Iglesia?

- Me moleste o no creo que es indiferente, el hecho es que es verdad que a veces se pone mucho el acento en las cuestiones negativas y se olvidan las muchas cuestiones positivas que la Iglesia hace. Que salgan en los medios de comunicación los casos de pederastia o abusos sexuales no me molesta, sino que lo que me molesta es que se hayan producido. La Iglesia debe pedir perdón por ello y lo que hay que hacer es una recomposición interior para darnos cuenta que hay cosas que no tienen que volver a suceder.

- ¿En qué ha fallado la Iglesia, se ha relajado tal vez?

- No sé si la palabra es relajación. Está claro que no hemos hecho lo que debíamos y que ha habido gente que ha tenido carencias en su propia formación, entonces la Iglesia lo que debe hacer es repensar y estar vigilante en un cuidado constante de la gente que vive en el ministerio sacerdotal para que estas cosas no vuelvan a suceder. También es cierto, y eso es bueno no obviarlo, que estadísticamente es una cosa poco significativa.

- Vivimos tiempos de pragmatismo, ¿es compatible la fe cristiana con el mundo moderno?

- Es compatible, aunque ciertamente ahora es mucho más complejo que en otros momentos de la historia el anuncio del Evangelio, entre otras cosas porque hay un modo de pensar que de alguna manera se impone como una realidad social comúnmente admitida que en algunos momentos fricciona con lo que es la misma propuesta de la Iglesia. Dios existe, nos ama y está ahí, y eso tiene un algo absoluto. La percepción subjetiva o relativista hace que eso sea un ente extraño. Pero son elementos que hay que ir presentando para que la sociedad descubra que le sirven, le iluminan y le aportan algo. Al final eso ayuda.

- ¿Cómo es posible mantener esa ilusión en la fe cuando las normas del mercado y la competitividad en la que nos movemos invitan a todo lo contrario?

- También es un problema en ocasiones desconocido desde los ojos del mundo, pero también por parte de los propios miembros de la Iglesia. La Iglesia tiene una propuesta que es una diálogo constante con el mundo de hoy. Es bueno no olvidar el bagaje que tiene la Iglesia católica. En el fondo todos buscamos, si lo hacemos con sinceridad de corazón, el bien del hombre.

- Usted es diplomado en Ciencias Empresariales, ¿son compatibles enctonces las leyes del mercado con el sentimiento de justicia social que emana del mensaje de la Iglesia?

- Las leyes del mercado deben ser respetadas porque la economía tiene su propio dinamismo a la hora de funcionar. Ahora bien, nunca hay que olvidar que la economía está al servicio de la satisfacción de las necesidades del hombre. Cuando yo me pongo delante de las necesidades del hombre tengo que tener una visión global de que yo soy un habitante del mundo, lo que ocurra en Paquistán, la India o América del Sur es un problema que a mí me atañe. Al final de lo que se trata es decubrir que la globalización y la interdependencia afectan al hombre de hoy hasta el punto de que yo no me puedo despreocupar de lo que ocurre a los demás, porque tú y yo somos lo mismo. Eso supone hacer que las leyes del mercado, de alguna manera, con su autonomía legítima, atiendan también esas necesidades.

- ¿Estaría justificada entonces la huelga general que hubo esta semana?

- Cuando hay situaciones que preocupan, y yo creo que en este momento a la sociedad española le preocupa el desempleo tan grande que está habiendo, pues creo que la sociedad está siempre en disposición de dar una contestación a esa realidad, y ya no sólo con una protesta concreta, sino intentar buscar vías para reactivar la circunstancia de crisis económica en la que estamos viviendo. La sociedad tiene que reaccionar dentro de lo que está en su mano para conseguir que los poderes públicos pues puedan reactivar las circunstancias que estamos viviendo.

- El último libro del científico Stephen Hawking descarta la existencia de Dios para explicar el origen del universo. ¿Es la ciencia un peligro para la fe?

- No tendría sentido que la ciencia fuera un peligro. La fe y la ciencia son compatibles en el mundo porque tanto una como otra lo que procuran es hacer propuestas sobre la verdad. Ahí es donde se pueden encontrar muchos elementos comunes y en los que se puede caminar al unísono. Tengo la plena convicción de que la ciencia no es un peligro, al contrario.

- ¿Podría darme un argumento en pocas palabras para seguir manteniendo la fe en un momento de la historia de la humanidad tan crítico com el que estamos viviendo?

Yo driría sobre todo que nosostros tenemos que ser personas de esperanza. Lo que realmente hace que uno en su propia vida salga adelante en las circustancias complejas es esa experiencia del amor, que es lo que da sentido último incluso a los avatares más amargos que uno pueda pasar, y que eso de alguna manera vaya iluminando desde la raíz última los elementos que han producido esta crisis, que al final no deja de tener algo también de quiebra antropológica donde lo que hay que hacer es recuperar al hombre para volver a construir, para que realmente las cosas que nos han pasado pues en la medida de lo posible no vuelvan a pasar.

- ¿Ha perdido el ser humano el sentido común en el mundo global?

- Hay algo que no debe perderse, qué importancia tiene el hombre, qué modelo de persona queremos construir y qué medios ponemos para hacerlos. Creo que ese diálogo a veces se diluye. A veces no es tanto que se pierda el sentido común, expresión que quizás no sea la adecuada, sino que la sociedad tiene que tener la capacidad constantemente de tener un sentido autocrítico para ver dónde nos llevan las decisiones que estamos tomando.

- Su infancia y su juventud las pasó en Monzón y después vivió en Lleida, por lo que debe de tener el corazón partido por el conflicto de los bienes religiosos. ¿Cómo lo está viviendo al conocerlos desde los dos puntos de vista?

- Lo vivo con preocupación, pero también con esperanza. Creo que se van dando los pasos. Pienso que desde el principio se preveía que no iba a ser un conflicto corto en resolución. Son siempre cuestiones que hay que atar los cabos, pero creo que la deriva que va tomando el caso tenga una solución a no muy largo plazo. No es una situación deseable para nadie porque al final son cosas que deterioran un poco lo que es la convivencia de las iglesias por cuestiones que tienen la importancia que tienen.

 




 
 

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