¿Dónde está Dios?

 

Don Vicente Altaba, Delegado Episcopal de Cáritas Española, ha publicado esta carta en el Diario de Teruel en la sección Tribuna Abierta, se la mostramos debido a su gran interés.

------------------------------------------------------------------------------------

El dolor, el sufrimiento humano, sobre todo el sufrimiento del inocente, es una de las cosas más enigmáticas y misteriosas a las que nos enfrentamos los humanos. Y utilizados como arma arrojadiza contra los creyentes o aceptados con pasiva resignación desde la fe, no tienen, al menos aparentemente, explicación razonable.

Ante las devastadoras consecuencias del terremoto de Haití, ante el clamor de un pueblo sumido en la tragedia, el dolor y el luto, la pregunta no se ha hecho esperar y ha saltado en algunos medios de comunicación, en tertulias y en programas de famosos: ¿Dónde está Dios? Pregunta que en algunos casos uno duda si es tal o si debe transcribirse como acusación de culpable. Y confieso que duele cuando vemos tratadas con ligereza o con soberbia las cosas que atañen a la fe. Duele cuando, en nombre de una supuesta racionalidad, o desde la ligera y publicitaria emotividad, se menosprecia al creyente y se desprecia a Dios. Por eso, he creído oportuno escribir esta reflexión que espero ponga algo de luz en el corazón de quien cree, y la deseada mesura en las palabras de quien no quiere o no puede creer.Y lo primero que humildemente quiero decir, con palabras del Arzobispo de Tánger, es que “a pesar de terremotos y de hambrunas, matanzas y tsunamis, continuaré arrodillándome ante Dios y ante el dolor humano, que es como decir, continuaré acercándome a la noche de su historia con el hombre”. A tientas me acerco a la noche del mal, pues aún reconociendo en todas partes su presencia, yo no sabría identificarlo, definirlo, circunscribirlo. A tientas me acerco al misterio que representa el sentido de la historia –la del mundo y la del hombre-, el sentido de la evolución, el sentido de la libertad y del amor, el sentido de la vida y de la muerte. A tientas me acerco al misterio del poder que el examinador de Dios parece identificar con la capacidad de hacer uno lo que quiera.

En mi fe, el único poder de Dios que he conocido es el que se ha manifestado en formas escandalosas de no poder. A mi Dios todopoderoso -¡todopoderoso!- lo he reconocido niño para el que no hay lugar en la posada, lo he visto huido de un tirano cualquiera, lo he visto hacer el bien por los caminos de los pobres, lo he visto peregrino en un mundo en el que nada era suyo, lo he visto crucificado como un malhechor entre malhechores. Y tan avezados tengo los ojos a verlo así, que lo he visto en Haití también entre los escombros. Pues tiene mi Dios querencia por la vida de los pobres, y estaba en aquellas vidas antes del terremoto, en el terremoto y después del terremoto, como estaba en aquel otro pobre antes de la cruz, en la cruz y después de la cruz. Delante de mi Dios pobre, herido, sufriente, en Haití y en todas las fronteras del dolor humano, continuaré arrodillándome, pues hay heridas que curar, lágrimas que secar, hermanos a quienes amar, y todo eso se hace mejor de rodillas. Puede que sea muy importante preguntarse dónde está Dios. A mi me basta verlo en cada uno de los haitianos que sufre y llora, y en cada una de las personas que han escuchado los gritos de ese pueblo y han decidido ayudarle: en los equipo de rescate, en los voluntarios, en los religiosos y religiosas que sufren con el pueblo, en los que se quitan pan de la boca para ayudarles. Dios está con el hombre sufriendo y ayudando a paliar el sufrimiento; pidiendo pan y entregándolo; en el herido y en el que alivia y cura.Y si me permiten, también yo tengo una pregunta incómoda para este mundo tan injusto y desigual que hemos construido nosotros, los humanos: ¿Por qué un terremoto de la misma intensidad en Japón se queda en un temblor y en los países a los que hemos empobrecido los ricos de la tierra siembra la destrucción y la muerte? ¿Y por qué preguntamos por Dios en la tragedia y no reparamos en él en la ayuda y el consuelo?

Si al reconstruir Haití priman la seguridad por encima del beneficio empresarial y está la persona por encima de la economía y de los intereses políticos, es posible –no me cabe la menor duda- que hagamos un Haití diferente y más resistente frente a las sacudidas de la naturaleza. También veo a Dios ahí, reclamando a cada uno nuestra responsabilidad para hacer un mundo más justo, más habitable para todos y seguro.

 

 

 




 

OBISPADO DE TERUEL Y DE ALBARRACÍN
PLAZA FRANCÉS DE ARANDA, 3
44001  TERUEL
TL. 978619950  FAX. 978619951
E-MAIL: tesecre@planalfa.es
WEB: www.diocesisdeteruel.org