EN LA DESPEDIDA DE D. ENRIQUE SORANDO SORIANO

 

En la mañana del día 7 de junio recibía cristiana sepultura el sacerdote, Enrique Sorando Soriano, Párroco de Albarracín, en el cementerio de su pueblo natal, Orihuela del Tremedal, después de una Eucaristía celebraba por el Sr. Administrador Apostólico, D. José Manuel Lorca Planes, y concelebrada por 87 sacerdotes de la Diócesis y amigos. El templo, de por sí grande, estaba lleno de fieles venidos de todos los pueblos en los que había ejercido su ministerio sacerdotal, así como profesores del Colegio Las Viñas. Al finalizar la celebración se han oído estos cuatro testimonios que expresan el sentir y pena en la pérdida de un “muy buen” sacerdote. Descanse en paz.

En primer lugar ha leído D. Javier Catalán, sacerdote que compartía la labor pastoral en 12 pueblos de la Sierra de Albarracín, esta carta de las Madres Dominicas, de donde ellos eran Capellanes.

DEDICADO A D. ENRIQUE SORANDO.

Querido Enrique: Tus Monjas de Albarracín se quieren unir en ésta despedida a tu familia y a nuestra Diócesis. Dos cosas que tú amabas entrañablemente y llevabas en el corazón.

Gracias por tus casi 8 años de un servicio cariñoso y entregado. Nos has querido, te hemos querido; tu vida nos ha ayudado siempre mucho. Por eso hoy, hemos llorado, lloramos aún, pues te has ido cumpliendo el Evangelio que tan claramente nos has predicado, sin saber el día ni la hora.

Cuando viniste para estar en Albarracín y ser nuestro Capellán no te conocíamos, pero pronto nos hicimos familia, no hemos tenido ningún inconveniente. Has sido el servidor fiel, sin admitir dispensas; pues, cuando alguna vez te hemos dicho que bajases más tarde por el frío o por algo, tu respuesta fue siempre la misma: "El mejor modo de empezar el día es con la Eucaristía, y en un convento de Monjas".

¡Gracias! Has sido coherente con lo que nos has predicado y lo agradecemos.

Nunca diste importancia al cansancio, pues decías: “Nuestra vida es para entregarla al servicio de Dios y de los hermanos”. Eso nos queda.

Te vimos la última vez el 25 de Mayo. Contaste con entusiasmo y alegría el Pentecostés vivido en Orihuela, tu pueblo natal que amabas. Ponderaste lo bien que estuvo todo, siempre alabando a los que hacen las cosas. ¡Gracias!

También hemos aprendido de ti a decir lo positivo de los hermanos, nunca una palabra negativa.

Así fue esa mañana, y así dejamos de verte; ya no has vuelto. Nos llamaron diciendo que estabas en la U. C. I. Lo sentimos, pero pensábamos verte. Te hemos seguido, hemos rezado.

El día 1 desde la U.C.I. de Zaragoza aún llamaste a tus monjas. Te encontré tranquilo y contento. Las últimas palabras que he oído de ti fueron éstas desde la U.C.I “Que hace falta pasar mucho para entrar en el Reino de los cielos”.

¡Gracias! Muchas cosas podríamos decir, pero vale. Nos unimos a tantas personas como te están despidiendo, y decir que pidas desde la Casa del Padre vocaciones Sacerdotales y Religiosas. Nos hacen falta.

Madres Dominicas de Albarracín

Al terminar la lectura de esta despedida, él mismo le ha dado las gracias y le ha pedido que desde el cielo le ayuda a seguir, con esta labor de pastorear esos pueblos, que entre los dos atendían y que ahora tendrá que hacerlo él mismo. La emoción y las lágrimas le han salido de sus ojos, al recordar al amigo, compañero y pastor

Después D. Francisco Lázaro Reyes, ha leído, lleno de emoción, estas letras salidas del corazón, hacía quien había sido, con él, párrocos “in solidum” de esa zona de la Sierra.

 ADIÓS ENRIQUE

Las despedidas no gustan, la tuya menos.

Te has ido en las vísperas del Corpus, tú que todos los días celebrabas la Eucaristía. De ella te alimentabas para mostrar cada día que un auténtico sacerdote es el que sirve a todos hasta desgastar su vida.

Nos has dejado en el mes del Sagrado Corazón, tú que eras tan asiduo de la oración y tu primera labor del día era presentarle al Señor la ilusión de amarlo con alegría en todos hasta que dejó de palpitar tu propio corazón.

Te vas al Padre en primavera, a descansar en el Reino eterno de las verdes praderas tu que con  tu ejem lo para todos fuiste un gran pastor y un gran profesor y que te preocupabas por todos tus feligreses como tu principal tarea. 

Por tu servicio, tu bondad y fidelidad, por tantos detalles en que mostrabas tu caridad, excelente compañero, atento, sufrido y cordial, que el Señor, con la intercesión de la Virgen del Tremedal y el Santo Cura de Ars, en este Año sacerdotal y en tu pueblo natal,  te conceda vivir en su paz, a ti sacerdote de verdad, que nunca fuiste para ti, sino para los demás.

Francisco Lázaro Reyes

Ha terminado, este pequeño homenaje-recuerdo, su sobrina Mª Cruz Soriano que ha leído este párrafo de San Agustín, ante la muerte de un ser querido.

LA MUERTE NO ES EL FINAL
(San Agustín de Hipona)

La muerte no es nada, sólo he pasado a la habitación de al lado.

Yo soy yo, vosotros sois vosotros.

Lo que somos unos para los otros seguimos siéndolo

Dadme el nombre que siempre me habéis dado. Hablad de mí como siempre lo habéis hecho. No uséis un tono diferente.

No toméis un aire solemne y triste.

Seguid riendo de lo que nos hacía reír juntos. Rezad, sonreíd, pensad en mí.

Que mi nombre sea pronunciado como siempre lo ha sido, sin énfasis de ninguna clase, sin señal de sombra.

La vida es lo que siempre ha sido. El hilo no se ha cortado.

¿Por qué estaría yo fuera de vuestra mente? ¿Simplemente porque estoy fuera de vuestra vista?

Os espero; No estoy lejos, sólo al otro lado del camino.

¿Veis? Todo está bien.

No lloréis si me amabais. ¡Si conocierais el don de Dios y lo que es el Cielo! ¡Si pudierais oír el cántico de los Ángeles y verme en medio de ellos ¡Si pudierais ver con vuestros ojos los horizontes, los campos eternos y los nuevos senderos que atravieso! ¡Si por un instante pudierais contemplar como yo la belleza ante la cual todas las bellezas palidecen!

Creedme: Cuando la muerte venga a romper vuestras ligaduras como ha roto las que a mí me encadenaban\ y, cuando un día que Dios ha fijado y conoce, vuestra alma venga a este Cielo en el que os ha precedido la mía, ese día volveréis a ver a aquel que os amaba y que siempre os ama, y encontraréis su corazón con todas sus ternuras purificadas.

Volveréis a verme, pero transfigurado y feliz, no ya esperando la muerte, sino avanzando con vosotros por los senderos nuevos de la Luz y de la Vida, bebiendo con embriaguez a los pies de Dios un néctar del cual nadie se saciará jamás.
AMÉN

Leído por su sobrina Mª Cruz Soriano

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D. Enrique Sorando Soriano, nació en Orihuela del Tremedal, el día 25 de diciembre de 1939. Hijo de Miguel y Virginia. Fue ordenado sacerdote el día 23 de junio de 1963 en Teruel. Su actividad pastoral la ha desarrollado en el Seminario Menor como Secretario de Estudios, Prefecto y Encargado de Cátedra, Director Técnico del Seminario Menor “Colegio “Las Viñas”, Vocal de la Comisión Diocesana de Arte Sacro. Titular del Centro Diocesano de Enseñanza “Las Viñas” de Teruel, Párroco de Aguilar, Allepuz, Camarillas, Jorcas, Miravete y Villarrolla de los Pinares. Cantavieja, La Iglesuela del Cid y Fortanete. Arcipreste de Cantavieja, Delegado Episcopal de Patrimonio. Párroco de Albarracín, Torres de Albarracín, Calomarde, Frías de Albarracín, Tramacastiel, Terriente, Arroyofrío, El Vallecillo, Masegoso, Toril, Royuela y Moscardón. Capellán de las Religiosas Dominicas de Albarracín, Director del Museo Diocesano de Albarracín,. Arcipreste de Albarracín y Vicario Episcopal de la Vicaría IV,. Fallece el día 5 de junio de 2010.

La Diócesis de Teruel y de Albarracín, en la persona del Sr. Administrador Diocesano, los sacerdotes y fieles sienten la pérdida de un sacerdote entregado totalmente a tu labor pastoral. Un sacerdote trabajador, erudito, sencillo, entregado, disponible, atento, amante de sus “trabajos” y sus amigos y una muy buena persona y como dirían muchas personas “sacerdote-sacerdote”. Desde esta página elevamos nuestras súplicas al Padre de las misericordias para que lo acoja en las estancias eternas del Reino al que se entregó en cuerpo y alma. Enrique vivía la espera de la Resurrección con alegría y muchísima esperanza.

Para sus familiares y amigos nuestro más sincero apoyo y les acompañamos en la esperanza de la Resurrección. Descansa en paz.

 

 

 
 

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