Comienza la Expo de Zaragoza 08
Nueva iluminación de la Basílica del Pilar

 

Autoridades civiles y religiosas se dieron cita ante la basílica para reinaugurar el templo, remozado tras años de obras. El encendido de la nueva iluminación del Pilar y un castillo de fuegos artificiales cerraron los actos.

Quizá la Virgen intercediera en lo alto, pero la tormenta que descargó inclemente sobre Zaragoza durante la tarde no auguraba nada bueno para la inauguración del remozado templo del Pilar. Quizá no fuera la Virgen y sí la caprichosa meteorología, tan cambiante en estos albores del verano, pero lo cierto es que la basílica, libre por fin de los andamios que la escondían de la vista de los viandantes, lució anoche en todo su esplendor, tras años de obras y trabajos, e iluminada por nuevos focos para mayor solaz del ciudadano.

El nuncio del Papa en España, Manuel Monteiro; el arzobispo de Zaragoza, Manuel Ureña, y el deán del Cabildo Metropolitano, Manuel Almor, presidieron la ceremonia de inauguración de los trabajos de limpieza y consolidación, que dio comienzo con un cuarto de hora de retraso, en torno a las las nueve y cuarto de la noche, y a la que asistieron, además, el vicepresidente de Aragón, José Ángel Biel y el alcalde de Zaragoza, Juan Alberto Belloch, entre otras personalidades.

Las bandas de música de las Diputaciones de Huesca y Teruel, así como las bandas municipales de Muel y Épila, abrieron los actos interpretando la jota de la zarzuela "Gigantes y Cabezudos" y el Himno de Aragón. Posteriormente, Manuel Almor tomó la palabra para agradecer, además de las donaciones de las instituciones privadas y públicas que han hecho posible el renovado aspecto de la basílica, "la colaboración afectiva de tantos fieles devotos que llegan de todo el mundo a visitar a la Virgen", sin cuyas aportaciones, aseguró, no sería posible mantener el templo en perfectas condiciones.

El deán precedió en el estrado al arzobispo de la ciudad, quien se remontó al año 40 de nuestra era para recordar que la Virgen visitó Zaragoza para ordenarle al apóstol Santiago que construyera a orillas del Ebro un templo cristiano, y fue repasando, en un largo y denso discurso que impacientó a ratos al numeroso público congregado en la plaza del Pilar, la historia de la actual basílica.

Así, tras 1968 años de construcciones, reconstrucciones, ataques y demás avatares, "Zaragoza no podía permitir que la basílica del Pilar, necesitada en las últimas décadas de una restauración a fondo, siguiera en el estado en que se encontraba", aseguró Manuel Ureña, antes de detallar prolijamente todas y cada una de las aportaciones, ayudas y subvenciones que ha recibido el Cabildo Metropolitano para afrontar seis años de complejas reformas.

Tras sus palabras, y otras más escuetas del nuncio del Papa en España, que se limitó a apreciar "el esfuerzo que ha hecho la basílica para estar a la altura de los cambios acontecidos en la ciudad", la atención se desplazó hasta el puente de Piedra, desde donde los congregados pudieron admirar la nueva iluminación del templo mariano y disfrutar con un castillo de fuegos artificiales, lanzados desde la arboleda del Macanaz, que pusieron punto final a una noche histórica para la basílica.
(FUENTE: HERALDO)

Pabellón de la Santa Sede.

La Santa Sede se complace en darles la bienvenida a su Pabellón en Expo Zaragoza 2008. Desde siempre, la Iglesia ha manifestado su interés por la naturaleza, obra del Creador, y por los seres humanos vistos como personas, hombre y mujer, creados a imagen de Dios y dotados de una dignidad inviolable. Por eso, los cristianos se han manifestado en todo momento a favor de las causas que fomentan el respeto al medio ambiente y han alertado sobre los peligros de la sociedad tecnológica, la cual, en nombre de la ciencia y de la tecnología, podría atentar contra el ser del hombre y del mundo.

El agua es un tema de vital importancia para la Iglesia, y con frecuencia aparece como símbolo tanto en la Palabra de Dios como en la propia vida eclesial. El agua simboliza la vida concedida por Dios a la naturaleza y a los hombres. Los textos cristianos están llenos de alusiones a la influencia vivificante del agua, uniendo ésta a la acción creadora y salvífica de Dios. La Iglesia nos muestra el poder vivificador del Espíritu Santo, que actúa a través del poder vivificante del agua, creatura elegida por Dios para dar al hombre, por medio del Bautismo, su configuración con Cristo, Agua Viva.

Ahora bien, el agua nos indica en sí misma su principio original y, al mismo tiempo, su lugar primordial en la vida del hombre. Como ciudadanos del mundo globalizado en el que vivimos, los católicos conocemos también los problemas e injusticias de este mundo que vive y sufre la necesidad y la falta del agua. Como ya ha señalado el Papa Benedicto XVI en varias ocasiones "el agua es un derecho inalienable”. La doctrina social de la Iglesia nos recuerda la ‘responsabilidad compartida’ de gestionar bien este ‘recurso precioso’ para permitir que "todos puedan tener acceso al agua, en particular, quienes viven en condiciones de pobreza”.

El derecho al agua es ‘un imperativo moral y político’, especialmente en un mundo que dispone de niveles de conocimiento y de tecnologías capaces de acabar con las situaciones de escasez de agua. Todos estamos llamados a modificar nuestra manera de vivir en un esfuerzo educativo capaz de restituir a este bien común de la humanidad el valor y el respeto que merece.

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