ALMA RENOVADA - CRÓNICA DE LA JAVIERADA 2016

 

Otra vez esa música. Y otra vez, no se detiene ¡Ya voy, ya voy! Extiendo el brazo, abro un poco el ojo derecho: las cuatro y cuarto de la madrugada. Apago la alarma al fin, suspiro y dejo que los nervios se hagan presentes en mí. Me siento bien, y creo que solo algunas razones hay para que una persona se sienta así con tan pocas horas de sueño encima: hoy peregrinamos a Javier. Lo que continúa es un viaje de tres horas y media junto con las personas con las que compartiríamos este gran fin de semana.

Bajamos del autobús y un aire congelado no tarda en abalanzarse sobre la parte de la cara que hemos dejamos libre entre gorro y chaqueta. Es momento de orar todos juntos y unirnos al resto de personas que ya han comenzado a andar.

Ya sea sobre nieve o bajo un sol que al día siguiente se haría evidente en nuestros rostros coloridos, somos motivados a seguir caminando durante seis horas por nuestra alegría de peregrinar en honor a San Francisco de Javier. Se habían preparado tres audios para escuchar a lo largo de nuestra marcha, estos nos acompañan en una reflexión sobre nuestra vida como cristianos, sobre el punto en el que podríamos encontrarnos hoy en día y todo lo que eso conlleva para cada uno. Además, todos nosotros lleva consigo un pequeño libro que nos guiará también a lo largo de este fin de semana, en oraciones e interiorización personal de lo vivido. Pero, aún por si todas estas ayudas fueran poco, cada paso lo acompaña un apoyo continuo. Ni el Padre ni nuestros compañeros nos abandonan en ningún momento, animándonos a continuar, ayudándonos a superar aquellas dificultades, tanto físicas como anímicas o espirituales, que se nos han podido presentar a lo largo del camino. Es en Sangüesa donde nos preparamos para el Vía Crucis para recorrer así todos los peregrinos juntos los últimos 6 kilómetros hasta el Castillo de Javier.

La llegada es recibida con la tradicional misa delante del castillo. Pese al cansancio y el frío, entre los peregrinos aún es visible la alegría de la fe ¡Pero espera! Aún tenemos espacio para más ¡Nuestro Obispo Don Carlos participa dentro de esta misa tan especial! ¡Qué miradas de orgullo hacemos notar al oír a nuestro Señor Obispo!

Esa noche reflexionamos todos juntos, hablamos sobre la experiencia tan intensa vivida esa mañana, compartimos aquello que deseamos compartir y a la vez, recibimos todo lo que se nos comparte. Allí estamos, un año más, la pequeña familia de la Pastoral Juvenil acogida por San Francisco de Javier.

A las doce se apagan las luces y, ya dentro de nuestro saco y en las literas, me doy cuenta de la ironía: cuerpo cansado y alma renovada. Gracias, Dios mío, por este día. 

“¡Arriba chicos!”,  y ahí está Luis con su ánimo de buena mañana. Pero quizás lo merecía, quizás hoy, como todos los días, hay razones para tener buen ánimo hasta recién levantados.

Hemos pasado la mañana trabajando de manera paciente las obras de la misericordia, en la que por cada obra hemos recibido algún detalle que la representaba para no dejar de tenerla presente.

Cosas sencillas, humildes y llenas de significado. Cosas como, por ejemplo, un tapón de una botella y una pequeña judía para la obra de dar de comer al hambriento y de beber al sediento. Y justo antes de tomarnos un tiempo libre para disfrutar de Javier hemos tenido la suerte de celebrar todos juntos la misa del domingo dentro del Castillo de Javier, en la capilla que se encuentra al lado del Cristo de la sonrisa.

Ahora estamos llegando al monasterio cisterciense de Santa Lucía, en Zaragoza. Allí vamos a encontrarnos con las religiosas.

Entramos a una humilde sala y la maravillosa Isabel Guerra, pintora de la Inmaculada joven, icono del EEJ Ávila 2015 y de la Pastoral Juvenil de España, es la primera en recibirnos. Tiene una dulzura especial, está llena de alegría ¡El Señor vive en ella! Impacientes nosotros, jóvenes y monitores, comenzamos a preguntarle sobre la preciosa pintura, sobre su entrada al monasterio, sobre su relación con El Padre. Ella, con una luz especial, responde a todas nuestras inquietudes. Para nuestra sorpresa ¡Ella también quiere saber la opinión de los jóvenes! La conversación fluye y nos vamos enriqueciendo con ella. Más tarde, aparecen el resto de hermanas ¡Y hasta nos traen la merienda! Qué poco tardan en cantarnos, qué poco tarda en hacerse presente El Señor allí. Y, terminando todos juntos con las vísperas en las que las hermanas nos habían invitado a participar, ponemos rumbo de vuelta a Teruel.

Esa noche tocaba descansar, interiorizar todo lo vivido en este fin de semana. Para algunos este viaje era una nueva experiencia, para otros un reencuentro con lo que es una peregrinación y un viaje muy especial. Ahora tocaba volver a la rutina, pero no para volver como antes, volver con más ganas de ser mensajeros de Cristo. Ahora tocaba volver a la rutina, volver intentando aplicar todo lo que se nos había enseñado en estos dos días. Ahora tocaba volver a la rutina, para ser la sal en la tierra.

Gracias, Dios mío, por estos dos días.  

 

 

 

 

 
 

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