Mons Carlos Escribano en la Ordenación episcopal de Mons José Luis Mumbiela en Almaty (Kazajstán)

 

Fuente: Ecclesia Digital

“Tres jueves hay en el año en que luce más el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión”, dice un refrán español. También hay algunos domingos en que luce con más fuerza el sol, como ocurrió el pasado 8 de mayo, donde las nubes y la lluvia no pudieron disminuir la alegría que había en todos los corazones de los fieles que se habían reunido en la Catedral de Almaty para acompañar a su nuevo Obispo en la fiesta de su ordenación episcopal.

Las campanas de la Catedral sonaban con gran fuerza, los rostros estaban resplandecientes, todas las personas se habían vestido de fiesta y se habían preparado espiritualmente para asistir a la unción del Espíritu Santo sobre nuestro hermano sacerdote don José Luis Mumbiela, que iba a ser transformado por una gracia que viene de lo alto en un sucesor de los Apóstoles, y pastor y padre nuestro.

Pero no eran las campanas lo más llamativo, sino las caras alegres de las aproximadamente 600 personas que nos habíamos reunido para asistir a esta solemne ceremonia.

La liturgia estuvo muy bien cuidada, se habían previsto al máximo los detalles, todos los sacerdotes concelebrantes (unos 40) vestían de casulla blanca, un Evangeliario precioso con grabaciones doradas que simbolizaban a cada uno de los evangelistas nos ayudaba a valorar más la Palabra de Dios, con un pequeño folleto podíamos seguir la parte de la Misa que se dijo en latín: el rito de consagración, tan lleno de gestos significativos: la invocación al Espíritu Santo, la presentación del candidato y lectura de la Bula, la homilía llena de sentido sobrenatural, el canto de las letanías a los santos (entre ellos dos muy recientes y muy queridos por don José Luis: San Josemaría Escriva y el beato Juan Pablo II), pidiendo su ayuda para este hermano nuestro, la imposición de manos, la oración de ordenación, la imposición del crisma, la entrega del anillo, el báculo, el Evangelio sobre la cabeza del nuevo Obispo…

De Karaganda habían venido todos los seminaristas, para hacer de acólitos durante la Misa y acompañar y rezar por quien tanto rezó por ellos, mientras estuvo trabajando como rector y Vicerrector del Seminario. Los dos jóvenes diáconos, Рома Заможневич и Вадим Белокопытов, con su vestidura propia, la dalmática, leyeron la Bula papal de nombramiento y el Evangelio. 

Quizá pocos saben que don José Luis, además de la preciosa casulla y estola que le habían traído sus familiares desde España, llevaba la estola morada que usaba para confesar el santo cura de Ars, patrón de todos los sacerdotes del mundo, y por quien siente una particular devoción. Casualmente otro sacerdote, don Pierre Dumoulin, la había traído estos días.

El consagrante principal fue Mons. Miguel Maury Buendía, Nuncio apostólico en Kazajstán, quien pronunció unas bonitas palabras en la homilía. “Se te entrega esta diócesis, dijo, como una esposa joven y guapa, a quien habrás de amar y proteger”. Los otros obispos consagrantes fueron Mons. Tomas Peta y Mons. Carlos Escribano, Obispo de Teruel (España), y compañero de estudios de don José Luis. Tanto a don Carlos como a don José Luis, los preparó y llevó al Seminario don Amadeo Elcoso, que era uno de los dos sacerdotes que estaban junto al nuevo Obispo en la ceremonia. El otro, su fiel colaborador en el Seminario, оПетр Пытлованы.

Participaron en la ceremonia los otros Obispos de Kazajstán, Mons. Janus Kaleta, Mons. Atanasius Schneider, Mons. Henry T. Howaniec OFM. Y también o. Basilio Gober, delegado papal para los grecocatólicos en Kazajstán, y el Obispo Nicolai Messmer de Bishkek.

No faltaron los bellos cantos del coro, y al final de la Misa las palabras de bienvenida por parte de los diversos grupos o parroquias de la diócesis. Pero quizá uno de los momentos más трогательные fueron las palabras del nuevo Obispo. Nos sorprendió hablando en kazajo, ruso, polaco, inglés, coreano y, finalmente, en español.

También emotiva fue la bendición pausada y llena de cariño que fue impartiendo desde el presbiterio: primero a los que estaban en la nave, luego a los que estaban en el coro, una bendición que estaba llena de amor y presagiaba la entrega del pastor por las personas que Dios a puesto bajo su protección. También muy bonito el gesto paternal y cariñoso y la sonrisa con que corrigió a uno de los monaguillos que se retiraba sin entregarle el báculo.

Entre los asistentes a la ceremonia estaban su madre (el padre lo siguió desde el cielo), sus hermanos, y una sobrina de 3 años, Carla, que le llevo un ramo de flores el comienzo de la ofrenda. También nos acompañaron representantes de la Iglesia ortodoxa y luterana, así como numerosas autoridades civiles y diplomáticos. Cabe destacar la asistencia casi al completo de los católicos de Chimkent, lugar en que trabajó don José Luis 8 años, y donde todos le recuerdan con estima: no dudaron en recorrer 700 kilómetros para compartir con él este día, o mejor dicho, unas pocas horas, pues llegaron hacia las 8 de la ma;ana y partieron a las 5 de la tarde.

Le damos gracias a Dios por los cuidados que tiene de nosotros, su pueblo santo, y de manera especial por haber puesto al frente de nuestra Iglesia a este Obispo, verdadero pastor y padre, a quien encomendamos a María Santísima.

 

 

 

 
 

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