HA MUERTO D. MAURICIO ALEGRE SANGÜESA

 

Había nacido en Campos, Teruel,  el día 22 de septiembre de 1922, hijo de Ezequiel e Isabel. Fue ordenado sacerdote el 14 de junio de 1946. Su actividad pastoral la desarrollo en: Mosqueruela, Becario de la Universidad Gregoriana de Roma, Campos, Cirugeda, Profesor del Seminario Menor en Albarracín. Profesor del Seminario Mayor de Teruel. Director Espiritual de la Congregación Mariana. Capellán de las Terciarias Franciscanas. Parroquia de San Andrés. Consiliario de los Jóvenes de Acción Católica. Consiliario de las Hermandades de Trabajo. Canónigo de la Santa Iglesia Catedral. Profesor de la Normal -Escuela de Magisterio- Consiliario de la Asociación Católica de Padres de Familia. Profesor de los Cursillos Prematrimoniales. Consiliario de Cursillos de Cristiandad. Vocal del Patronato en Defensa de Viviendas del Medio Rural. Examinador Prosinodal. Censor de Libros. Consiliario de la Asociación de Maestros Católicos y de las Hermandades de Inspectores de Enseñanza. Capellán de la Residencia P. Piquer de Teruel.

Hacer una semblanza de D. Mauricio es muy fácil y a la vez complicado. Fácil porque primero era sacerdote, después sacerdote y siempre sacerdote. Complicado porque son tantas las facetas que reunía que puedo dejarme alguna: amable, humano, dicharachero, cercano, con buen humor, intelectual, amigo de los amigos, disponible, muy buen orador, -aún resuenan sus palabas, bajo la Techumbre de la Catedral, en las homilías dominicales de la misa de doce- siempre estaba animoso y no le temía a la muerte, se “sentía mimado por Dios”, la vida la vivía a tope a pesar de estar atado, últimamente, al oxígeno. Su última celebración de la Fiesta de la Sagrada Familia, en la Residencia Padre Piquer, fue `para él una gozada, deseaba que le acompañase el Sr. Obispo y con él concelebró la Eucaristía, en la que unas leves, pero sentidas lágrimas, rodaron por su mejilla, de alegría y de satisfacción. Cumplió uno de sus últimos deseos celebrar la Fiesta con su Obispo, con su Sr. Obispo. D. Mauricio, descanse en paz, su multitud de alumnos, ente los que me encuentro, agradecemos sus enseñanzas, su buen hacer y sobre todo su amistad, todos notábamos su cariño, siendo alumnos y después de serlo. La Diócesis de Teruel y Albarracín pierde un gran sacerdote, un gran hombre y un gran intelectual. Recuerdele al Padre que estamos aquí, en esta tierra, en la tanto gozó y a la que tanto quiso Ud. Adiós, hasta pronto.
 

 

 

 

 

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