PRACTICAR LAS OBRAS DE MISERICORDIA
DAR DE COMER AL HAMBRIENTO. DAR DE BEBER AL SEDIENTO

04/09/2016 - Iglesia en Aragón nº 1

Según el último informe de la FAO, Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, hoy 800 millones de personas en el mundo pasan hambre. En los países en desarrollo casi el 13 % de la población está desnutrida y por esta causa mueren más de 3 millones de niños cada año, el 45 % de ellos menores de 5 años.

Y podríamos seguir con cifras, pero es importante que nos preguntemos por las causas, ¿por qué pasa esto? Señalo solamente tres: a) Los alimentos se reducen a mercancías y se privilegia el beneficio económico sobre las personas y su derecho a la alimentación. b) El problema de la sostenibilidad en la producción. c) El desperdicio de alimentos. La producción mundial ha aumentado hasta el punto de poder abastecer sobradamente a toda la población del planeta, pero una tercera parte de lo que se produce se tira. En Europa se llega a desperdiciar el 50 %. A esto el Papa Francisco lo llama “el escándalo de la abundancia”.

También el agua es un bien escaso en muchos países del Sur y especialmente el acceso al agua potable.

Tras las cifras y los porcentajes hay personas concretas, hombres y mujeres, niños, ancianos que viven en nuestra casa, porque como dice el mismo Francisco, habitamos en “la casa común”.

Echemos una mirada creyente a esta realidad del hambre en el mundo. Jesús la conoció en su tiempo, se posicionó y actuó. El evangelio según san Mateo nos narra cómo al ver a la multitud se compadeció y dijo a sus seguidores: “Dadles vosotros de comer”. Jesús no vive de espaldas a las necesidades de la gente, se conmueve y actúa, y nos señala a nosotros el camino y la tarea: “dadles vosotros de comer”.  En Mateo 25, hablando del juicio final leemos: “Venid vosotros, benditos de mi Padre, heredad el Reino… Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber”. El texto es claro. El Papa, en este Año Jubilar de la Misericordia, nos invita expresamente a practicar aquellas obras de misericordia que aprendimos de pequeños en el catecismo, entre ellas “dar de comer al hambriento” y “dar de beber al sediento”.

Y nosotros ¿qué podemos hacer ante el problema del hambre en el mundo? Mucho. Unos más y otros menos, pero todos algo. Dice el Papa Francisco: “Sin el compromiso solidario de todas las personas no se puede acabar con el hambre”. Además de las acciones personales de  solidaridad con los necesitados de nuestro entorno podemos colaborar con organizaciones de la Iglesia española, como Manos Unidas, cuyo objetivo específico es acabar con el hambre en el mundo y las causas que la producen, garantizar el derecho de todos los seres humanos a la alimentación mediante la financiación de proyectos de abastecimiento de agua y de desarrollo sostenible, con especial atención a los pequeños agricultores, espina dorsal para asegurar el sustento en la mayor parte de los países del Sur. Podemos informarnos sobre el problema del hambre y cauces de solución (visitar la página web www.manosunidas.org), hacernos voluntarios, sensibilizar a nuestros familiares y amigos, hacer un donativo, una domiciliación bancaria, recordar a los empobrecidos del planeta en nuestras últimas voluntades, etc.

Como decía Mary Salas, primera presidenta nacional de Manos Unidas: “El día en que los hombres decidan que no haya más hambre sobre la capa de la tierra, no la habrá. Será un mundo nuevo”.

Mª Carmen Gómez Torán
Delegada de Manos Unidas

 
FOTOS
 
 
OBISPADO DE TERUEL Y DE ALBARRACÍN
PLAZA FRANCÉS DE ARANDA, 3  44001  TERUEL
TL. 978619950  FAX. 978619951
E-MAIL: tesecre@planalfa.es
WEB: www.diocesisdeteruel.org