PRACTICAR LAS OBRAS DE MISERICORDIA
Dar posada al peregrino

22/09/2016 - Iglesia en Aragón nº3

“Las personas sin hogar no son noticia. En pocos medios de prensa se recogen las agresiones o los fallecimientos de los hombres y mujeres que viven en la calle. El frío del invierno, la nieve y la lluvia sí pueden conseguir que en alguna página de periódico se dediquen unas líneas a esta realidad que no queremos ver, porque nos duele como sociedad; porque nos pone frente a un espejo que devuelve la imagen de un mundo injusto y egoísta. Preocupado por solucionar la quiebra económica de multinacionales o de bancos, pero ajeno al sufrimiento físico y moral de millones de personas, cientos de miles en nuestro país, que llamamos «personas en situación de exclusión», «los nadies», «los invisibles», «los pobres»…” (Nadie sin hogar, nº 0. Cáritas Española)

“¡Cuántas heridas y cuánta desesperanza se puede curar —ha dicho el papa Francisco— en un hogar donde uno se pueda sentir recibido!”. Ante esta afirmación tan hermosa nos vienen al corazón y a la mente las cerca de 40.000 personas que se encuentran en nuestro país en situación de sin hogar. O las más de 400.000 personas que viven en la calle en toda Europa. Personas. Rostros, que cada vez son más jóvenes, excluidos de derechos fundamentales como tener un hogar…

Una multinacional del mueble puso de moda unos felpudos  con la siguiente frase “Bienvenidos a la república independiente de tu casa”… ¡qué equivocación tan grande! Debería poner: “Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré” esa tendría que ser la frase de bienvenida de todos nuestros hogares, con letras bien grandes, y nuestro rostro al abrir la puerta de nuestro hogar… ¡con una gran sonrisa! que nace del amor y del compromiso, de la paz y de la justicia. Porque vivir desde la misericordia es vivir desde el corazón del evangelio, desde ese querer poner en práctica todo lo que nos enseñó Jesús.  Misericordia que es acogida para los excluidos, los ancianos, los enfermos, las mujeres maltratadas, todos los señalados por el dedo acusador de nuestra sociedad hipócrita.

Porque saber acoger es saber ser sensible a las necesidades y realidades de la otra persona, desde las materiales (comida, cama,…) a las interiores (ideas, sentimientos,…). Y desde esa realidad abrir las puertas de nuestros hogares y de nosotros mismos. Debemos darnos cuenta de que las fronteras o límites que muchas veces ponemos las personas no nos protegen, sino que causan el efecto contrario, nos impiden vivir el encuentro gozoso con los hermanos. ¡Qué necesario es cambiar las fronteras, las vallas de espino, los controles policiales, por brazos que acogen!

Pero si importante es saber acoger, también lo es saber ser acogido. En muchas ocasiones tenemos que saber conectar con nuestra parte más vulnerable, la que nos hace comprender la necesidad que tenemos de los otros. Para muestra las muchas veces que Jesús en su vida se dejó acoger, incluso siendo extranjero, como las veces que fue acogido por los pobres y excluidos. En la forma en que él vivió esas experiencias nos muestra su enorme humildad, su gran capacidad de amar, y cómo siempre dignificó a la persona que estuvo a su lado.

Hoy, como ayer, necesitamos gestos proféticos que nos ayuden a vivir desde la experiencia personal y colectiva el mensaje de Jesús de Nazaret. Necesitamos ser el altavoz de los ignorados.

Cáritas Diocesana de Teruel está ultimando lo que va a ser nuestro “Gesto Diocesano del Jubileo de la Misericordia”, el Hogar Club para personas sin hogar. Un espacio donde podrán convivir y sentirse acogidos durante el día. Donde poder guarecerse del calor del verano y de las temperaturas frías de nuestro invierno turolense.

Este “Gesto Diocesano” no tendría razón de ser si no va acompañado de voluntarios y voluntarias que, de una manera comprometida, quieran compartir parte de su tiempo con las personas que cada día utilicen el servicio del Hogar Club. Personas que quieran poner en práctica la acogida, que quieran luchar por los derechos de las personas sin hogar, que atiendan a lo importante…  “Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.”

Según la Memoria 2015 de Cáritas Diocesana de Teruel las personas sin hogar atendidas durante ese año fueron 814. Es un número muy importante, son muchos rostros y muchas vidas (no pueden quedarse en cifras y datos), hombres y mujeres que viven día a día en situación de sin hogar, con quienes nos debemos que conmover y mover hacia caminos nuevos de justicia, dignidad y bienestar, más allá de nuestros intereses personales e individuales.

Ante los temores que puedan sobrevenirnos debemos recordar que hay que dejar actuar a Dios en nuestras vidas.  “Es el encuentro de nuestra debilidad con la fuerza de su gracia, es tener confianza en su acción lo que nos permite vivir en la caridad, hacer todo con alegría y humildad, para la gloria de Dios y en el servicio al prójimo” nos dice el Papa Francisco. 

Desde nuestro Dios, que se nos muestra en Jesús como pobre, perseguido, peregrino, transeúnte, desalojado, estamos llamados a “dar posada al peregrino”, a acoger al que está desalojado, desahuciado, en la calle, a la intemperie.“La ‘buena acogida’ comprende desde la hospitalidad a la comprensión, la puesta en valor necesaria para el recíproco reconocimiento; destierra los prejuicios y busca una convivencia en armonía. Nuestra sociedad es, y en el futuro próximo será, en mayor medida, multiétnica e intercultural. Como cristianos la actitud que habríamos de adoptar ante los inmigrantes está recogida en la Ley de Santidad: “Si un inmigrante se instala en vuestra tierra, no le molestaréis; será para vosotros un nativo más y le amarás como a ti mismo, pues también vosotros fuisteis inmigrantes en Egipto” (Lv 19, 33-34).

Hospitalidad es preparar el corazón para poder acoger a mi hermano con esa misma libertad con la que tú lo haces.

Hoy, queremos aprender a acompañar a aquellos que encontramos en el camino y a los que ya son parte de mi caminar. Hospitalidad es ser apoyo los unos para los otros al compartir ese camino.

Te pedimos que sepamos hacer vida todos estos deseos en un servicio que nos descentre y se concrete en quienes más nos necesiten. Porque hospitalidad es lavar los pies aprendiendo a ser el último.

Nacho Hernández Láinez
Delegado de Cáritas Diocesana de Teruel

 
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