PRACTICAR LAS OBRAS DE MISERICORDIA
Visitar y cuidar a los enfermos

04/10/2016 - Iglesia en Aragón nº4

En el marco del año de la Misericordia convocado por el Papa Francisco y siguiendo su invitación a reflexionar y practicar las obras de Misericordia, que Jesús nos predica y presenta como la Misericordia del Padre “ …para que podamos darnos cuenta de si vivimos o no como discípulos suyos.” ( Misericordiae Vultus, 15 ), nos detenemos en “ Visitar y cuidar a los enfermos”.

Los enfermos, sobre todo los crónicos y terminales, son personas que, con temor y temblor, han emprendido un viaje. Quieren que alguien les atienda, les consuele, les tome de la mano para afrontar a su lado esta travesía. No es fácil. Hay muchas tinieblas, mucho dolor, mucho desgaste. Quien quiera acercarse a esta realidad y ser cirineo, debe afrontar su propia debilidad, asumiendo que la enfermedad y el deterioro de la salud es la experiencia de toda persona humana, fruto de las limitaciones de la naturaleza humana y de la finitud del ser humano. Y, también, poner la mirada en Jesús y aprender de Él "que es manso y humilde de corazón"

La liberación de dolencias y enfermedades de todo género constituyó, junto con la predicación, la principal actividad de Jesús en su vida pública. Y así una sexta parte del Evangelio de Marcos está dedicada a relatar la actividad sanante de Jesús. Podemos decir con Mateo que Jesús pasó por este mundo “anunciando el evangelio y sanando a las personas.” ( Mt 9, 35 ). Un capítulo importante de esta sanación consiste en el duro combate que Jesús entabla para corregir posiciones fanáticas religiosas, para liberar de la culpabilidad y de la esclavitud de los vicios, para promover una conducta moral más auténtica, para evitar las desigualdades económicas injustas.

Otro capítulo importante de esta sanación son las curaciones. Curar pertenece a su misión. Jesús anuncia y ofrece la salvación promoviendo vida saludable. Por eso, nos preguntamos ¿ Qué salud promueve Jesús ?

  • Es una salud integral( Mt4,4-6 )No se reduce a curar un órgano u organismo. Quiere reconstruir enteramente a la persona, desde su raíz más profunda, en su corazón transformado por la conversión y el perdón de los pecados.

  • Es una salud liberadora ( Lc.13,12;Mc.1,23-28) Desbloquea a la persona encadenada y fragmentada, reconciliándola consigo misma, con los demás y con Dios.

  • Es una salud responsable ( Mc.10,52; Jn 5,6) Jesús pone en pie a las personas y pide su colaboración. No les dice “ resígnate”, sino “colabora”. Despierta el deseo y las fuerzas de sanación que existen en las personas.

  • Es una salud no idolatrada( Mc.8,35) El bienestar físico no tiene la última palabra para Jesús. No hemos de vivir para cuidarnos, sino cuidarnos para vivir como hermanos e hijos de Dios. Esta es la “ filosofía “ de Jesús. Hay bienes por los cuales vale la pena arriesgar el bienestar, la salud e incluso la vida.

  • Es una salud ofrecida a los más débiles( Jn.5,7) El amor al desvalido, al marginado, al último ocupa el centro de la intención sanadora de Jesús. Es el signo de que Dios no abandona a los últimos.

  • Es una salud abierta a la salvación( Jn.11,25) La salud humana es siempre vulnerable. Está abierta a la enfermedad, al desgaste, al envejecimiento y a la muerte. Por eso, tarde o temprano surge la pregunta ¿ Qué va a ser de mí en ese trance ? ¿ Qué hay después de esta vida ?. Jesús anuncia que la salud que Él ofrece es signo y parte de una salvación más total porque es definitiva.

Jesús nos da el estilo de practicar esta obra de Misericordia y también nos dice “ Id,  anunciad la buena noticia y curad “ La atención a los enfermos, a los ancianos y a los discapacitados ha estado presente siempre en la Iglesia y ocupa un lugar central. Los hospitales nacieron al amparo de las catedrales. La enfermería debe mucho a las Hijas de la Caridad y a los Camilos; la psiquiatría, a san Juan de Dios y san Benito Menni…

Que pongamos los ojos fijos en Jesús para verle en nuestros hermanos enfermos, ancianos, descartados: con actitud humilde, desde nuestra propia debilidad, escuchando a la persona enferma, en clima de confianza…Que la parábola del buen samaritano nos centre ¿ Qué soy samaritano o levita ? ( Lc.10,29-37 ). Que hagamos vida el capítulo 25 de san Mateo.

 Clemente-Ignacio Lucas Navarrete,
Delegado pastoral de la salud de la Diócesis de Teruel y Albarracin

 
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