SEMANA DE ORACIÓN POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS: “Ubuntu”

 

“Ubuntu” Qué??? ¡!! Imagino el gesto de extrañeza ante esta palabra desconocida. También la desconocía yo hasta hace poco, cuando un amigo me envió un relato, que resumo ahora: Un antropólogo propuso un juego a los niños de una tribu sudafricana. Puso una canasta llena de frutas cerca de un árbol y les dijo que aquel que llegara primero ganaría todas las frutas. Cuando dio la señal de comenzar el juego, todos los niños unieron sus manos y corrieron juntos. Todos llegaron los primeros. Después se sentaron a disfrutar todos juntos del premio. Preguntados por el antropólogo, por qué habían corrido así, uno de ellos respondió: “Ubuntu  ¿Cómo podría estar feliz uno de nosotros , si todos los demás están tristes?”

Dejemos que nos explique el significado de esta palabra Desmond Tutu, el famoso arzobispo sudafricano, premio Nobel de la Paz (1984): “Esta expresión podríamos traducirla así: “Una persona es persona a través de otras personas”. Necesitamos a otros seres humanos  para aprender cómo ser humanos… Ubuntu es la esencia del ser humano. Expresa cómo mi humanidad está ligada y unida inseparablemente a la tuya… Yo soy porque nosotros somos, ya que hemos sido hechos para vivir unidos, para ser una familia”

“Ubuntu y la unidad de los cristianos”
¿Qué tiene que ver “Ubuntu” con la unidad de los cristianos? Basta recordar las palabras de Jesús en la cena de despedida de sus discípulos la noche en que comenzaba su Pasión:“No ruego por estos solamente, sino también por los que crean en mí por medio de su palabra; que todos sean uno; como tú, Padre, en mí y yo en ti, que también ellos en nosotros sean uno, para que el mundo crea que tú me enviaste” (Ev. de Juan 17, 20-21).

¿Hace falta explicar ahora la relación? Cristo concibe la experiencia de la fe como una experiencia de unidad con Él y con su Padre y vincula, en su oración, la eficacia del testimonio de los creyentes a esa estrecha unidad entre sí y con Dios (“para que el mundo crea que tú me enviaste”). Como decía antes Desmond Tutu (“mi humanidad está…unida inseparablemente a la tuya), mi fe está unida inseparablemente a la tuya, hemos sido invitados a la fe cristiana para vivir unidos, para ser una familia. La unidad es la marca de garantía de nuestra fe.

Desgraciadamente esto no es así. La unidad de la familia de Jesús está rasgada por diversas desgarraduras. Y hemos perdido demasiado tiempo y energías en asignar los unos a los otros la culpabilidad. Tampoco dentro de nuestra Iglesia Católica “es oro todo lo que reluce”. No es fácil unir a los que “van por libre” con los “justo”, a los “progres” y a los que les cuesta renovarse, a los mayores y a los jóvenes… y a veces surgen tensiones fuertes y dolorosas entre unos y otros... No es cosa solo de estos tiempos, San Pablo ya la vivió en sus comunidades.

Y, sin embargo, el deseo profundo de Cristo para su familia es, ya lo hemos visto, la unidad.  Se impone una cultura de tensión a la unidad, como respuesta al íntimo deseo de Cristo. Recordemos la famosa expresión, tantas veces repetida por Juan Pablo II, de que la Iglesia debe respirar por sus dos pulmones, el oriental y el occidental. Lo mismo hay que decir de los muchos excelentes creyentes de las otras confesiones cristianas. Nos hemos empobrecido con las divisiones, tenemos que crecer hacia la unidad. Tenemos que unir las manos y correr juntos, como aquellos niños sudafricanos

Es ahí donde cobra sentido la oración de todos los cristianos durante la Semana de oración por la unidad. Pero no solo durante esa semana, si es que comprendemos que la unidad es esencial en la Iglesia tal como la ha concebido Cristo, tan esencial como dar testimonio de nuestra fe o como la dimensión misionera de la Iglesia. Y es tiempo también de reconocer los dones que los otros cristianos han recibido del Señor (por ejemplo, la estima de la Biblia de los evangélicos o la profunda y conmovedora devoción a la Virgen de los ortodoxos.

Y qué bueno sería que  no los rehuyéramos sino que estemos dispuestos a conocerlos. Es una actitud que nos hará crecer, compartiendo lo bueno que Dios ha puesto en cada uno.

D. Cristobal Navarro Fuentes
Delegado Episcopal de Ecumenismo

 

 

 


 
 

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