VIA LUCIS EN LA PEÑA DE LA CRUZ


Sólo éramos 28, pero, ¡qué gozada! Eramos una familia grande, niños, jóvenes, matrimonios jóvenes, con y sin hijos, adultos, jubilados...que caminaba hacia la luz, en un camino precioso donde se nos marcaban las “estaciones” -momentos, pasos- del recorrido de Jesús desde su Resurrección hasta la venida del Espíritu Santo. La naturaleza, los cantos, las oraciones rezadas por todos, los símbolos ¡preciosos!, la mañana entre sol y sombra, todo ayudaba a subir, sin cansarnos, hacia la meta: la Cruz-Eucaristía. Y arriba, a 1539 metros, el cosmos era total, las piedras del camino, significaban nuestros pecados, dejados al borde del sendero, para ir más ligeros a la escucha de la Palabra, proclamada en la oquedad de la roca -rodeno- donde resonaba con sabor a fiesta y a misión, como presencia y envío.  

La súplica y la ofrenda tuvo su encanto mirando, desde una pequeña explanada, los pueblos y sus habitantes, las fábricas y sus trabajadores, los caminos y veredas con los hombres y mujeres de nuestro hoy; junto al pan y el vino, las flores, las piñas, las piedras, las mochilas...para subir, después de treinta peldaños, a la cumbre, a lo más alto, a poner los sentimientos y la vida a los pies de la Cruz. Era nuestra meta, habíamos andado para ofrecer y recordar la Muerte y la Resurrección del Señor Jesús, “Señor del cosmos”, y aquí, a esta altura se palpa y se masca. ¡Cómo sonaba “Estate, Señor, conmigo siempre, sin jamás partirte, y, cuando decidas irte, llévame, Señor, contigo”! Una guitarra, deliciosamente tocada, y una voz juvenil que hacia eco cósmico en las nubes que nos acompañaban, resonaban con encanto y canto.

El Cuerpo y la Sangre del Señor sabían a gloria, después de rascar el cielo con las manos, al pronunciar, mirando al cielo, el Padrenuestro. No hubo final, hubo gozo, alegría, esperanza, misión, porque: “Tú mi Justicia, ¡razón de mi esperanza!, Mi tierra prometida eres tú. Tú mi justicia, ¡razón de mi esperanza!, Mi tierra prometida, eres tú Jesús”. Y vuelta para abajo -venía a la mente el pasaje de la Ascensión:  “qué hacéis ahí mirando el cielo..”.- Y el camino de vuelta, se bajaba sólo, no había cansancio, no había hambre -eran las cuatro de la tarde- no había nada más que semblantes claros y alegres, plenos de esperanza y de luz, para eso habíamos realizado el VÍA LUCIS, camino de la Peña de la Cruz. ¡Qué buena estaba la tortilla de patata, el jamón, el queso,...! ¡y las jotas! Todos se apuntaron para hacerlo más veces, ¡para repetir al año que viene! ¡Por algo será!

 

 
 

 

 

 
 

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