Es una vergüenza

 

Vicente Altaba
Delegado Episcopal de Cáritas Española
Publicado en Diario de Teruel el día 19/02/2014

Todos nos hemos sentido conmovidos estos días ante los quince jóvenes africanos, muertos cuando intentaban llegar a la costa de Ceuta. Nos han impresionado las imágenes, mil veces repetidas, suponemos que para hacernos caer en la cuenta de lo horrible que fue lo sucedido y sacudir nuestras conciencias. Nos han impresionado las declaraciones de nuestros políticos, todos hablando sobre el drama, pero todos hablando desde su posición ideológico-política y diciendo hoy lo contrario de lo que decían ayer, diciendo una cosa cuando se está o estaba en el poder y otra cuando se está o estaba en la oposición. Nos han impresionado los permanentes comentarios y debates en las tertulias periodísticas, unos debates en los que ya es posible adivinar de antemano quién carga con los muertos si conoces el medio en que se desarrollan y la identidad de los que intervienen.

A mí me ha impresionado todo esto y algunas cosas más. Me ha conmovido pensar en el drama de las familias que quedaron atrás –madres, esposas, tal vez hijos- y que no saben si los muertos son suyos porque fueron enterrados sin identificar. Me ha conmovido la facilidad con que nos impresionamos ante unos muertos en nuestra frontera y la facilidad con que ignoramos los miles que cada día mueren de hambre al sur de esas mismas fronteras porque no hacemos nada para que puedan vivir en su tierra con dignidad. Me ha conmovido pensar cómo nos indignamos cuando nuestras instituciones son puestas en entredicho por su forma “inhumana” de actuar  y cómo permanecemos absolutamente impasibles ante las estructuras políticas y económicas, no menos inhumanas, que generan estos fenómenos migratorios. Como me conmueve cada día la falta de una política migratoria clara por parte de Europa y  los países desarrollados y su complicidad pasiva ante las mafias y ante quienes mantienen a estos pueblos en un injusto subdesarrollo.

Contemplando este espectáculo tan turbio y macabro me han venido a la memoria una y otra vez las palabras de Francisco en Lampedusa, la Ceuta o la Melilla italiana: «¡Vergüenza, es una vergüenza!». E intentando encontrar un poco de luz en tan compleja situación, me vienen a la memoria algunos criterios del mismo Francisco que quisiera aportar para ayudar a pensar:

1º.- «Cada cristiano y cada comunidad están llamados a ser instrumentos de Dios para la liberación y promoción de los pobres, de manera que puedan integrarse plenamente en la sociedad: esto supone que seamos dóciles y atentos para escuchar el clamor del pobre y socorrerlo» (EG 187).

2º.-  La verdadera solidaridad consiste en devolver al pobre lo que le pertenece y en defender los derechos de los pobres aun a costa de renunciar a algunos derechos y poner los bienes al servicio de los demás (Cf EG 189-190).

3º.-  «La necesidad de resolver las causas estructurales de la pobreza no puede esperar… Los planes asistenciales, que atienden ciertas urgencias, sólo deberían pensarse como respuestas pasajeras. Mientras no se resuelvan radicalmente los problemas de los pobres, renunciando a la autonomía absoluta de los mercados y de la especulación financiera y atacando las causas estructurales de la inequidad, no se resolverán los problemas del mundo» (EG 202).

Me parecen unas aportaciones muy lúcidas de Francisco que nos invitan a decir no a la economía de la exclusión y a prestar atención a lo inmediato sin  perder de perspectiva lo global.

 

 

 

 

 
 

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